Con ese fin el puntero de la contienda, el exgobernador Mitt Romney, reclutó recientemente el respaldo del secretario de Estad9 de Kansas, Kris Kobach, quien es el autor intelectual de la restrictiva legislación antiimigrante que se ha aprobado en Arizona, Alabama y otros estados, entre los que también se encuentra Carolina del Sur.
A lo largo de la primaria, Romney ha estado enfrascado en una disputa con el gobernador de Texas, Rick Perry, sobre inmigración. Él acusó al texano de ser débil en el área de inmigración por haber favorecido a los indocumentados al respladar el Dream Act estatal; mientras que Perry acusó a Romney de tener jardineros indocumentados trabajando en su casa.
Perry consiguió el respaldo del controvertido alguacil Joe Arpaio, de Arizona, y Romney respondió con Kobach. No se puede ser más extremista en la fiebre contra los indocumentados que Arpaio y Kobach.
Es lamentable que el radicalismo de la base republicana conduzca a estas posturas cuando dentro del partido hay moderados que respaldan ideas positivas sobre inmigración.
Por eso no sorprende que Newt Gingrich surja como el precandidato más humano en cuanto a inmigración. Sólo le bastó con reconocer lo obvio, que es imposible deportar a millones de personas, y que muchos de los indocumentados son honestos y han creado una vida en E.U.
La estrategia asumida por Romney para ganar el voto conservador es miope y a corto plazo. La inmigración no es exclusivamente un tema legal como lo plantean Arpaio y Kobach, sino que también es humano como se reconoce y se siente en la comunidad latina.
La insensibilidad de Romney, también caracterizada por su repetida condena al Dream Act federal, y la agresividad de su nuevo aliado hacia los inmigrantes, puede costarle a los republicanos la elección de noviembre si no consigue reubicarse ideológicamente para conseguir más del tercio del voto latino.



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