Nuevo año, nuevos sacrificios para soldados en Florida

José Castaño (izq.) Estrella Torres y Luis Carrazas pronto comenzarán su entrenamiento básico.

José Castaño (izq.) Estrella Torres y Luis Carrazas pronto comenzarán su entrenamiento básico.

Foto: Migdalia Fernández / La Prensa
PUBLICADO: EST Jan 16, 2013 2:52 pm EST
Orlando -  Apenas acabadas las fiestas de celebración de Navidad, un grupo de jóvenes locales se prepara para uno de los momentos más difíciles: decir adiós a sus familias.

El comienzo de una vida al estilo militar conlleva la separación y  alineación de los seres queridos, donde todos se ven afectados por ese vacío. Los soldados Luis Carrazas, Estrella Torres y José Castaño han tenido que enfrentarse a la realidad.

Sus despedidas ya comenzaron y ahora están destinados a ir a su entrenamiento básico.

“Siempre supe que mi familia tendría que ajustarse a este cambio”,  comentó Luis Carrazas, de 21 años, joven de padres ecuatorianos y residente de Kissimmee.

Un trabajo con propósito

Carrazas, quien ingresó al Ejército, irá para Fort Benning, en Georgia, para entrenar en las Fuerzas Especiales. Comenta que su inclinación escolar era poca y que se dedicó a los deportes, pero que no encontraba cómo entrar a la universidad ya que nada le llamaba la atención.

Su meta era ser entrenador personal (personal trainer), pero consiguió entrar al Ejército y se convenció de que vale la pena “tener un trabajo con un propósito”.

Sin embargo, ante el sacrificio de ser soldado, comenta que “el que no le tenga miedo a la muerte, miente. Me aterra igual que a otros”.

Por su parte, la jovencita Estrella Torres, de apenas 18 años y de familia dominicana que reside en Orlando, se unió al Ejército porque era su sueño desde niña.

“Mi tío es militar y me gustaba su uniforme”, explica Torres, quien irá a Fort Jackson, en Carolina del Sur, a su entrenamiento básico para el transporte.

Una hermandad

Torres también asegura que no le tiene miedo a pasar por cosas fuertes ya que el Ejército se preocupa de sus soldados y “somos todos como una hermandad y, si alguien se vuelve loco, ellos harán lo posible para proveerle ayuda y regresarlo a lo normal”.

Para José Castaño decir adiós es más complicado, ya que “yo no soy un niño como casi todos los demás. Yo tengo una familia”.

Castaño, padre de dos niños -Nathan, de 8 años, y Jaslene, de 4-  estuvo en busca de trabajo, luego de que la crisis en la economía impactó grandemente en Orlando, y perdió su empleo.

Según él, estuvo en más de tres empleos en los pasados años y ninguno le ofrecía los beneficios ni la capacidad económica para sustentar a su familia.

“Si mi sacrificio sirve para esto, tendré que hacer lo que tenga que hacer para proveerles un mejor futuro”.

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